La ascensión al ibón de Cregüeña (2.460 m)es una ruta obligada, pero no absenta de dureza. El ibón no represado
más grande de los Pirineos se encuentra en medio del rincón más
alpino del Pirineo Aragonés, con las montañas más altas de la
cordillera vigilando sus aguas. Cuenta con una superficie de 43.4 ha y más de 100 metros de
profundidad. Mucho menos frecuentado que los demás ibones del
valle de Benasque, quizá por su aislamiento o su largo camino con
un elevado desnivel.
Comenzamos nuestro itinerario en el Hotel Turpí, siguiendo una
pista forestal dirección a Senarta que enlaza con el GR-11.5. En apenas unos minutos encontramos el desvío del sendero que
remonta hacía el ibón en el puente de Cregüeña (1.480 m). Mencionar que es posible acceder hasta este puente en todoterreno. El
sendero se encuentra muy bien señalizado, pero remonta el
barranco de Cregüeña sin piedad alguna. El camino asciende por la
margen izquierda del barranco, ofreciendo un espectáculo constante de
estruendosas cascadas. Gano altura rápidamente hasta alcanzar la
Pleta de Cregüeña (2.000 m), donde la vegetación da paso a la
nieve y roca.
Pico Perdiguero (3.222 m)
Escarcha en la Pleta de Cregüeña (2.000 m)
Pleta de Cregüeña
La subida se endurece y tras un tramo de fuerte pendiente llegaremos al
ibonet de Cregüeña (2.460 m), escondido entre las rocas. En este
punto la traza se pierde entre monolitos desperdigados. Grandes bloques
de piedra marcan un entretenido avance camino del canal de desagüe del
ibón de Cregüeña (2.460 m). Una vez alcanzado se muestra ante
nosotros el majestuoso ibón. Pero para disfrutarlo verdaderamente,
os recomiendo encarecidamente remontar por caos de bloques, camino
del pico le Bondidier (3.146 m) hasta el ibonet de Cordier o de las Maladetas (2.958 m). Desde las alturas las vistas son fascinantes, pero sumaremos más
desnivel y kilómetros al recorrido.
Ibonet de Cregüeña (2.460 m)
Cresta de Alba
Macizo del Posets
Frente al ibón de Cregüeña se alza esplendorosamente el
pico de la Maladeta (3.308 m), cubierto por una fina capa de
nieve. Ante tal coloso resulta imposible no sentirse una insignificante
hormiga en medio de un privilegiado entorno. También rodean el lugar
cimas tan deseadas como el
pico
Aragüells, el Maldito, Abadías, Sayó o Alba. En la
lejanía se dejan observar nítidamente los macizos del
Posets
y del
Perdiguero.
Cresta de Alba
Pico de la Maladeta (3.308 m)
Pico de izquierda a derecha: Bondidier, Cordier, Rimaya,
Maladeta, Abadías, Maldito y Aragüells.
Aguja Juncadella (3.019 m) y Pico de Aragüells (3.030 m)
Curiosa "escultura" a 2.500 metros de altitud
Pico de la Maladeta (3.308 m)
Macizo del Perdiguero
Ya en el descenso, que efectuaremos por el mismo camino, observo como
los paisajes otoñales del valle de Benasque están llenos de
paletas de colores cobrizos, ocres, tejas, marrones, ambarinos,
terrosos y anaranjados. Parece que el entorno que nos rodea cobre vida
propia. Sumado con la luz especial que ilumina el atardecer, los
colores brillan en su máximo esplendor. El sendero está cubierto de un
manto de hojas preciosas que carrasquean al ser pisadas. Una juguetona
ardilla me sorprende finalizando el descenso, a la cual me quedo
observando unos minutos. Poniendo, poco después, punto y final al
itinerario.