La comarca de la Terra Alta alberga un gran número de abruptas
sierras montañosas que fueron el escenario de la cruda Batalla del Ebro
durante la Guerra Civil. En este marco os propongo un camino que nos
hablará por sí solo, con punto de partida en la población de
Gandesa pasando por el Puig Cavaller (706 m) y la
Cota 705 o Punta Alta, de visita obligada. Descubriendo la
historia poco conocida de la Serra de Pàndols, además de divisar
una de las mejores vistas que podremos encontrar en la provincia de
Tarragona.
En la población de Gandesa, cabeza comarcal, iniciaremos nuestro
itinerario a través del camino dels Perdigons, donde conoceremos la
ermita del Calvari. La cual encontraremos nada más salir de la
población. Los almendros que nos rodean están florecidos. Tejiendo una
curiosa alfombra blanca que además de ser un espectáculo visual es una
delicia para las abejas, que van revoloteando de flor en flor.
El municipio de Gandesa, capital de la comarca de la Terra Alta
Pronto dejaremos atrás los campos frutales, para adentrarnos en la
Serra de la Solsida coronada por el Puig Cavaller (706 m).
Mientras vamos ganando altura encontraremos las primeras trincheras del
día. Donde, si descendemos a uno de los laterales del camino, podremos ver
cómo por debajo hay una serie de túneles excavados en la roca, algunos de
ellos derrumbados, que conectan las dos vertientes de la cadena. Su
propósito pudo ser muy variado: para refugiarse, alojar hospitales de
campaña, puntos de mando de los oficiales o cobijar parapetos. Cuesta
imaginarse un lugar tan tranquilo y de una belleza tan exuberante envuelto
en una cruenta batalla de odio y muerte.
Uno de los numerosos túneles excavados en la roca que pudimos observar
Visitando el interior de otro túnel
Serra de Pàndols
Serra de Cavalls
Alcanzamos un repetidor de televisión frente al cual se alza de forma
imponente el Puig Cavaller, siendo una curiosa elevación rocosa.
Hasta este punto el camino no ha presentado dificultad alguna, pero en
este tramo final deberemos salvar algún desnivel más brusco.
Posteriormente encontraremos un tramo equipado con una cadena, dando más
seguridad al senderista en un tramo con fuerte pendiente a mano izquierda.
A continuación, un sencillo camino nos da acceso a la cima. La panorámica
es espectacular, sobretodo sobre el Massis dels Ports de
Tortosa-Beseit. Hoy, el día ha salido parcialmente cubierto, pero
en días claros podemos divisar los Pirineos.
Repetidor de televisión frente al cual se alza el Puig Cavaller
Superando este tramo equipado con cadenas para mayor seguridad del
senderista
Cima del Puig Cavaller (706 m)
Massis dels Ports de Tortosa-Beseit coronado por el Mont Caro (1.441
m)
Al fondo la montaña de
Santa Bàrbara
junto a Horta de Sant Joan. Frente la cual se elevan las montañas de
Rocamala, Falconera y la Moleta.
Acto seguido nos dirigiremos a la Serra de Pàndols a través de la
cresta de Volendins. Avanzaremos por una cómoda senda, con bonitas
vistas sobre las escarpadas paredes que rodean la Vall del Frare,
que nos llevará hasta el Coll d’en Torner (472 m). Punto en el que
encontramos una masía con dos grandes pozos de agua. En este punto podemos
ver una curiosa roca en forma de aguja.
Cima del Puig Cavaller (706 m)
Serra de la Solsida coronada por el Puig Cavaller (706 m)
La Vall del Frare bajo las escarpadas montañas de la Serra de Pàndols
El día parcialmente cubierto, aunque abundan los claros
Un escarabajo que nos encontramos durante el camino
Curiosa formación rocosa situada en la Vall del Frare
Mas d'en Torner
Ahora toca remontar para alcanzar la Punta Alta, más conocida por
Cota 705, nombre con el que fue bautizada durante la Guerra Civil.
Subimos por una pista en muy buen estado de conservación. Finalizando el
ascenso tomamos un desvío a mano izquierda en ligero descenso para visitar
la ermita de Santa Magdalena. Dada su importancia para los
republicanos fue destruida por el bando franquista. Los vecinos del
Pinell del Brai la reconstruirían posteriormente, siendo hoy en día
un enclave muy destacado de su patrimonio cultural.
El Puig Cavaller (706 m) y la Cresta de Volendins
Ermita de Santa Magdalena
Ahora sí, tras un último ascenso, alcanzamos la Cota 705. Un
mirador privilegiado sobre el Delta del Ebro,
Massis dels Ports de Tortosa-Beseit, Serra de Cardó,
Muntanya de Pegna,
Santa Bàrbara, Serra de Cavalls, Serra de la Solsida y los
Pirineos. Sin lugar a dudas, uno de los mejores miradores de la
provincia de Tarragona. Pero entre el 25 de julio y el 16 de
noviembre de 1938 este entorno se vería envuelto en uno de los episodios
más cruentos de la Batalla del Ebro.
Monument de la Pau en la Cota 705
Serra de Cardó
Tras el municipio del Pinell del Brai se eleva l'Àliga (383 m)
Massis dels Ports de Tortosa-Beseit
A la izquierda de la fotografía queda escondida la población de Prat
de Compte. A la derecha de la imagen encontramos
Santa Bàrbara, el municipio de Horta de Sant Joan, Rocamala, Falconera y asoma la
punta de la aguja de la Moleta.
Torre de vigilancia situada en la Cota 705 o Punta Alta
Serra de Cavalls
La Cota 705 se convirtió en un espacio clave de la batalla. Desde
su situación se podía controlar el resto de cotas que la rodean. Su
ubicación, en las estribaciones de la sierra, posibilitaba el control del
valle donde se encuentra el Pinell del Brai y de parte de la
Serra de Cavalls. Los intentos de conquistar este punto por parte
de las fuerzas franquistas obtuvieron su fruto la noche del terrible 13 de
agosto de 1938. Costando un alto número de vidas humanas. Las fuerzas
republicanas no podrían reconquistar la posición, pero el hecho de no
ocupar las cotas 609, 641 y 666 hizo fracasar la ofensiva franquista hacia
otros sectores del frente.
Bajo la Cota 705 encontramos todo un sistema de galerías excavadas en
la roca. Construidas durante la Guerra Civil para refugiarse de los
bombarderos alemanes e italianos, aliados del bando franquista.
En este punto se alza el Monumento a la Paz, el único monolito de
España construido durante el conflicto bélico por brigadistas
internacionales y soldados republicanos en honor a uno de los compañeros
caídos en plena ofensiva. Curiosamente el monumento no fue destruido por
las tropas franquistas, siendo rehabilitado ya en la época democrática. En
este monolito figuran varios nombres, uno de ellos es un soldado que
sirvió al escritor Ernest Hemingway a la hora de trazar el perfil del
protagonista de su novela sobre la Guerra Civil “Por quién tocan las campanas”. Uno de los otros soldados que figuran en la lista, participó en los
Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. Se trata pues de una herencia
histórica muy importante y a la vez un poco desconocida que hay que
preservar. Memoria que ha contribuido a recuperar la
Cursa dels Biberons, que anualmente se celebra en el municipio del Pinell del Brai,
recordando a la quinta del Biberón. Gozando además de una gran popularidad
entre los corredores de montaña por su exquisito trato al corredor.
Poema en el Monument de la Pau situado en la Cota 705
Con mucha más información de este triste capítulo de nuestra historia
iniciamos nuestro regreso a través de una senda que transita por un
cortafuego, ofreciéndonos unas fantásticas vistas durante todo el
descenso. Motivo por el cual hemos decidido hacer la senda en descenso,
para no dejar el paisaje a nuestra espalda. Regresaremos a
Gandesa a través de la Fontcalda, con algún tramo de pista
asfaltada que coincide con el camino de Santiago. En la población
de Gandesa podremos adquirir vino o aceite de oliva, que cuenta
con una denominación de origen protegida. Así como visitar su
espectacular cooperativa o el Museo de La Batalla del Ebro.
Serra de Pàndols
Serra de Pàndols
Descendiendo por el cortafuego con la Cresta de Volendins al fondo
Escultura haciendo referencia al Camino de Santiago
Detalle de la flor de un almendro
Serra de Pàndols
Gandesa
Por quién doblan las campanas
Hay lugares en los que el paisaje no solo se contempla, también se
escucha. Entre estas montañas, el silencio pesa porque guarda memoria. Las
campanas no doblan solo por quienes estuvieron aquí, sino también por
quienes hoy caminamos y recordamos.
Estaban tan juntos, que mientras se movía la manecilla que marcaba los
minutos, manecilla que él ya no veía, sabían que nada podría pasarle a uno
sin que le pasara también al otro; que no podría pasarles nada sino eso;
que eso era todo y para siempre, lo que había sido y el ahora y lo que
estaba por llegar. Esto, lo que no iban a tener nunca, lo tenían. Lo
tenían ahora y antes y ahora, ahora y ahora. Ah, ahora, ahora, ahora; este
ahora único, este ahora por encima de todo; este ahora como no hubo otro,
sino solo este ahora y ahora es el profeta. Ahora y por siempre jamás. Ven
ahora, ahora, porque no hay otro ahora más que ahora. Sí, ahora. Ahora,
por favor, ahora; el único ahora. Nada más que ahora. ¿Y dónde estás tú?
¿Y dónde estoy yo? ¿Y dónde está el otro? Y ya no hay porqué; ya no habrá
nunca porqué, solo este presente, y de ahora en adelante sólo habrá ahora,
siempre ahora, desde ahora sólo un ahora; desde ahora sólo hay uno, no hay
otro más que uno; uno que asciende, parte, navega, se aleja, gira; uno y
uno es uno; uno, uno, uno. Todavía uno, todavía uno, uno que desciende,
uno suavemente, uno ansiadamente, uno gentilmente, uno felizmente; uno en
la bondad, uno en la ternura, uno sobre la tierra, con los codos pegados a
las ramas de los pinos, cortadas para hacer el lecho, con el perfume de
las ramas del pino en la noche, sobre la tierra, definitivamente ahora con
la mañana del día siguiente que va a venir (Por quién doblan las campanas, Ernest Hemingway)