jueves, 21 de febrero de 2013

Netú, el coloso de los Pirineos


Cuentan que hace miles de años la diosa Pirene hizo una inmensa hoguera que al paso de los años iría menguando, de esas cenizas, surgió el Pirineo. De las rocas escarpadas empezaron a brotar riachuelos de los sitios más inesperados, formando a su paso miles de ibones, como si de estrellas se tratará. Verdes praderas que no tenían fin, grandes y magníficas cimas que parecían morder el cielo, todo cubierto por las nieves en los fríos inviernos, dando lugar a gigantescos glaciares de peligrosas y temidas travesías. Un entorno incomparable.


En aquellas fértiles y tranquilas praderas pastorearon grandes rebaños, pero también se instalaron unos seres de tamaño y fuerza prodigiosa, los gigantes. Pocos son los gigantes que no se reconocen por su ferocidad y truculencia. En el valle de Benasque se instaló el temido Netú, un ser que atemorizo a todos los pastores durante años. Si un pastor se cruzaba con el monstruo, era tragado y nunca se volvía a saber nada de él. Este hecho provocó que las gentes temieran las montañas, alejándose de ellas.

Un día apareció un peregrino con intención de vivir un tiempo en el valle. Era muy bondadoso y más pronto pobre, su poco dinero provenía de la limosna o de algún trabajo que realizaba para los pastores de Sesué, Benasque, Villanova... Su llegada vino acompañada de alegría para las gentes, sabía trasmitir una felicidad que le hizo ganar el afecto de los vecinos. Un día, el peregrino decidió cruzar los Pirineos en contra de la voluntad de sus amigos que estaban seguros que Netú se lo comería.

Sin la mínima señal de miedo decidió partir aguas del río Ésera arriba. Pero conforme iba subiendo el agua cada vez era más escasa, al igual que la comida. Al pasar unos días visualizó un rebaño de cabras a lo lejos, quiso acercarse para ver si encontraba comida ya que estaba completamente exhausto.

Al llegar al prado y de la nada, salió un gigante con largos pelos y sucio aspecto, era el temido Netú. El peregrino le pidió agua a aquel malvado gigante, que se la negó. Netú le dio la opción de marcharse, con cara de pocos amigos, negándole todo tipo le ayuda.

El Peregrino, con la tranquilidad que lo caracterizaba, le dijo que si tenía un corazón tan duro como una piedra, que ojala se convirtiera todo él en piedra. Pocos segundos después Netú era un inmenso bloque de piedra que casualmente se convertiría en el coloso de los Pirineos, conocido hoy, como Aneto. Dicen que el peregrino era Dios, de hecho, quién si no, podía convertir tal desmañado ser, en tan bella y majestuosa cima.

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Apasionado de la montaña y el alpinismo, Ultra Trail Runner y esquiador nórdico. Un enamorado de mi tierra y cultura. Seguir leyendo→

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