La Cascada del Foradet, también conocida como
Cascada del Llisat, es una de esas excursiones agradecidas del
Valle de Benasque: corta, variada y con un rincón final que
sorprende. El itinerario parte de Sahún y combina patrimonio, bosques
frondosos y un salto de agua encajonado en una sorprendente grieta
caliza.
La ruta comienza en la parte alta de Sahún, donde hay un amplio
estacionamiento junto a un merendero con bancos a la sombra y una fuente.
Desde aquí merece la pena atravesar el casco urbano con calma, disfrutando
de su arquitectura tradicional ribagorzana y pasando junto a la iglesia
parroquial.
Sahún, uno de los pueblos con más encanto del Valle de Benasque.
La iglesia parroquial de Sahún asomando entre las casas de piedra del pueblo.
En una de sus calles encontramos el acceso al PR-HU 51,
perfectamente señalizado. La senda arranca ancha y cómoda, avanzando a media
ladera bajo una masa forestal variada y frondosa que proporciona sombra
durante buena parte del recorrido.
El PR-HU 51 avanzada por una zona boscosa.
El sendero nos va mostrando pequeños hitos etnográficos: pasamos junto al
eremitorio de San Martín, restos de un antiguo horno de cal,
la fuente de Ratiels y el barranco Costera Llil. Poco después
alcanzamos la ermita de Santa Chulita, situada en una agradable
pradera con magníficas vistas sobre el valle de Benasque.
Ermita de San Martín
Antiguo horno de cal
Sierra de Chía
Ermita de Santa Chulita
El PR-HU 51 continúa hacia los ibones de Barbarisa,
atravesando una zona algo más abierta y soleada. Más adelante, bajo unas
paredes de caliza aparecen antiguas construcciones de piedra seca y antiguos
corrales ganaderos que recuerdan el pasado pastoril de estas montañas.
La zona de los Feixans Bonics.
Poco después de cruzar el barranco Saboril, un cartel nos indica el
desvío hacia la Cascada del Foradet. A pesar de que ya estamos
llegando, desde el cruce no se ve la cascada. Hay que atravesar una pradera
y aproximarse al cauce. En los últimos metros se gana algo de altura hasta
que, de repente, aparece el gran salto de agua escondido en una profunda
grieta de la montaña. El agua se precipita con fuerza, especialmente en
primavera y tras episodios de lluvia o deshielo. El topónimo “Foradet”
(agujerito) hace referencia precisamente a esa hendidura en la roca por la
que se descuelga el agua. En primavera y tras periodos de lluvias o
deshielo, el salto muestra su versión más espectacular.
La bifurcación hacia la Cascada del Foradet.
Cascada del Foradet o del Llisat
Detalle del salto de agua de la Cascada del Foradet, uno de los rincones más sorprendentes de Sahún.
La opción más sencilla es volver por el mismo itinerario, pero si queremos
una ruta circular muy completa, podemos optar por la
Senda de Rabaltueras, cuyo desvío se toma algo más abajo de la
ermita de Santa Chulita. Está señalizada, pero suele estar menos
transitada, por lo que resulta aconsejable llevar track.
La sierra de Chía asoma tímidamente entre las hojas de un roble.
El inicio puede resultar algo confuso, pero pronto se transforma en un
apacible sendero que asciende ligeramente hacia el oeste. Cruza el
barranco de Surri por un puente de madera y regresa a
Sahún por la margen derecha orográfica. Según la época es habitual
encontrar ganado en la zona, por lo que el paso puede estar algo embarrado
en algunos puntos. El camino atraviesa praderas y afronta un corto pero
intenso repecho antes de alcanza un campo espectacular con vistas fabulosas
sobre la sierra de Cambra.
La palanca de Llisat cruza el barranco de Surri.
Cruce de caminos en la Palanca de Llisat, con indicaciones hacia Sahún y Barbarisa.
Sierra de Cambra
Desde allí comienza un descenso pronunciado bajo un precioso bosque de
abedules salpicado de pinos y robles. En otoño, este tramo es muy bonito,
con una explosión de amarillos y ocres. Helechos, muros de piedra y algún
abrevadero completan un regreso muy agradable que culmina cruzando de nuevo
el barranco de Surri y entrando suavemente en Sahún.
Un abrevadero en la zona de Rabaltueras.
Las Fallas de Sahún
Antes o después de la ruta merece la pena fijarse en una de las tradiciones
más arraigadas del pueblo: las Fallas de Sahún, que se celebran cada
noche de San Juan. Esta ancestral bajada de antorchas forma parte de las
Fallas del Pirineo, declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la
Humanidad por la UNESCO. En el merendero del inicio puede verse una
escultura en hierro que representa a un fallero, homenaje a esta tradición
tan viva en el valle.